
¿Por qué torturamos a nuestros calentadores con vapor?
La clasificación IPX5 suena bien en las especificaciones técnicas. Básicamente, significa que el calentador puede soportar un chorro de agua desde cualquier dirección sin dañarse. Pero, ¿en un baño real? Es otra historia.
Existen grandes cantidades de vapor, alta humedad, y las temperaturas cambian constantemente cada vez que alguien toma una ducha. No podemos confiar solo en el sellado del aparato, ya que este puede fallar después de unos meses de uso real. Por eso sometemos nuestras unidades infrarrojas a pruebas de envejecimiento en condiciones de alta humedad y calor. En esencia, tratamos de “romperlas” antes de que salgan de fábrica.
El problema con la “resistencia al agua”
Lo cierto es que un sellado que funciona en un laboratorio seco a menudo deja de funcionar después de unos meses en condiciones reales.
Cuando el calentador se enciende, su carcasa se expande; cuando se enfría, se contrae. Es como si la máquina respirara. Ese movimiento puede permitir que la humedad penetre por los sellos. Si esa humedad llega a los cables internos o a los terminales de la lámpara, se produce un cortocircuito o el elemento eléctrico deja de funcionar.
Para evitar esto, sometemos estas unidades a pruebas en cámaras de alta humedad y calor durante cientos de horas. Buscamos signos de oxidación en los contactos o en los sellos que comienzan a desprenderse. Si el sellado se contrae aunque sea un poco, el aparato ya no sirve.
La lucha contra el calor
Las lámparas infrarrojas generan mucho calor. Al encerrar ese calor dentro de una caja resistente al agua, se crea una diferencia de presión que pone a prueba los sellos hasta sus límites.
No basta con colocar un sello barato en el lugar adecuado y esperar lo mejor. Utilizamos polímeros especiales que mantienen su forma incluso cuando la lámpara genera mucho calor.
¿Por qué molestarnos?
Porque las fallas en el campo son un verdadero problema. Nadie quiere un calentador que deje de funcionar debido a un poco de vapor. Es una carga y un dolor de cabeza para todos. Al forzar al producto a envejecer en condiciones húmedas y calurosas, podemos detectar los puntos débiles en los cables y en la carcasa desde ahora mismo.
No estamos tratando solo de superar las pruebas de certificación. Queremos asegurarnos de que, dentro de cinco años, ese calentador siga funcionando perfectamente en un baño lleno de vapor.